viernes, 30 de marzo de 2007

LA SERENATA

Bésame Mucho


Puede decirse que es lata
la serenata,
y que guarda su peligro
según lo dicho,
lo cierto es que la bebida
la hace atrevida,
y conviene asegurarse
o resguardarse,
y si hubiera una movida
ir de estampida.

Si piensas llevarte un chasco
ponte un casco,
no veas a quien adoras
sino a una obra,
que pueden caer cascotes
o algún garrote,
o te planten las macetas
en plena geta.

No te metas un tequila
sin su maquila,
ni te infles la cabeza
con tu cerveza,
y asi no verás un palo
por tu costado.

A esos sitios vete sobrio
como un Tenorio,
ve vestido con chorreras
a la torera,
y plánchate la garganta
como las sábanas,
que te vean impecable
hijo de sastre,
y dile a su mamaita
cosas bonitas,
que no caliente la oreja
a la interfecta,
y tendrás la noche en paz
y a buen compaz.

Pepe Martín


RECÍTAME QUEDO


Dedicado a todo aquél que pone el alma cuando lee sus poemas:

Tu voz ¡Dios mío, tu voz!
Ábreme tu boca
porque sin sus palabras no tendré futuro,
abre tu boca y deja que tu voz
me busque en este cuerpo en que me pierdo,
deja que fluya el manantial de tu palabra,
que sin su onda todo en mí es confuso,
alma en tinieblas, caos y tormento.

Tu voz ¡Dios mío, tu voz!
Sin ella soy un Lázaro sin Cristo.
Mis oídos sin tu voz son horizontes oscuros,
mi corazón, sólo turbio y baldío pasado,
y mis tímpanos martillos que golpean
aperos y bidones en un puerto abandonado.

Tu voz ¡Dios mío, tu voz!
Palabras que me traen retornos al mundo,
sin tu voz mi pecho es Calvario
criando zarzas para Nazarenas plantas,
y hace de corales riscos venenosos
negados a tus desnudas glorias.

Tu voz ¡Dios mío, tu voz!
Con ese aliento claro y profundo.
Persigo tu voz tras de los vientos,
por bosques y atalayas
envolviéndome en su eco,
porque su acento acaricia mi alma
y me ara el pecho
sembrando notas enamoradas,
diciéndome ¡te amo! en sus barbechos.

Tu voz ¡Dios mío, tu voz!
menos ella todo es inseguridad,
Pregóname el sendero hacia el placer seguro,
inyéctame la brisa de sus sones,
que inmerso entre sus notas quiero ser onda y onda,
amanecer de oro
y anochecer profundo.

Pepe Martín

PERDIDO

Perdido estoy de ti
y no me encuentro para volver al camino,
de mí te has alejado
y me quedé sin destino.

*****

Pepe Martín
Inspirado en un poema de mi amiga Filán
.

UN PIANO EN LA ALHAMBRA

En la araña de la noche,
toda oscura, todo arco,
relucían arañitas
con sus patitas de rayos.

¡Qué gigantes los sonidos,
qué cominos los humanos!

Era su arte tan sabio,
que tan minúsculo hombre
trascendía el escenario.

Un espíritu sublime
juguetea con sus manos,
sus alas cubrían mundos,
sus pies en los entorchados.

Qué pequeña era la “sala”
para un sonido tan amplio,
qué minúsculo el oído
a sueño tan dilatado

¡Qué gigantes los sonidos,
qué cominos los humanos!

Armonizaba tan alto
que la cúpula nocturna
se rebosaba al espacio,
y el corazón la seguía
con su pasión y sus zancos.

Era su arte tan sabio,
que se grababan a fuego
sus acordes por los patios,
las almenas aguzaban
sus aurículas de barro,
y las torres ascendían
a su paraíso amado.
En la araña de la noche,
toda oscura, toda arco,
relucían arañitas
con sus patitas de rayos.

¡Qué gigantes los sonidos,
qué cominos los humanos!

Pepe Martín

ME GUSTO ASÍ

A qué negarlo,
sé que soy la incómoda,
pero me gusto así
y estoy contenta conmigo misma.
Soy…como ruido de chatarra
arrastrada en mala hora,
molesta de ver,
rechazada por principio.
Soy…la que está viva
¡la otra!
la mordiente y posesiva,
la besante apasionada,
la comida y la que come,
la soñada y la soñante,
la desprendida y depredante,
caprichosa, venenosa,
enredosa, vanidosa,
atrevida y… ocultada.
Pero me gusto así,
me desvivo por lavarme de la imagen
cuadriculada y retocada,
almidonada y remilgada,
educada e ilustrada,
inmaculada y blanqueada,
la de imagen de farola…
la que es lucida
¡pero está muerta!

Pepe Martín

CON OJOS ARROBADOS

Hirviente me he de conformar con largas noches de amor y sueño,
volcado en un teclado gris intérprete de mis dichas.
Amo la larga cadena ordenada de tus signos mudos
que esforzados se desgarran por obsequiarme tu alma,
y por picar en las esencias de mi existencia.

Pero este medio es un champagne sin grados,
le faltan las burbujas de tu aliento.
No beberé tu carne en la distancia electrónica,
no paladearé el néctar que se cría en tu saliva,
ni regalarán mis manos la frescura enhiesta de tus senos,
no sentiré tus signos traviesos y enrevesados a flor piel,
ni el nirvana bendito que ahoga en un contacto,
no habrán mariposas en nuestro vientre y espalda,
no sentiré rebosantes mis brazos de amante,
no ataré nuestras cinturas con hilos de luna,
no veré bajo las sábanas tu piel de magnolia,
ni me sabré saciado en tus jugos de amante,
ni tu seno se hará flor una primavera.

Anudados en las ondas,
pegados a una pantalla con ojos arrobados,
átomos congeniantes que se buscan
pero que el aire repele.
Separados en lo tangible,
estamos perdiendo algo humano y místico.
Somos mitad grafismo sangrante
y mitad vida en un marco.
Estamos perdiendo, no todo,
pero algo muy importante queda virgen.

Pepe Martín.

AURORA

Y te elevaste de mí
como la aurora sobre la montaña,
resplandeciente sobre mi noche,
brillante de pasión,
desbordados en cascada los rayos de tus cabellos
sobre tus senos aún alterados,
enhiestos de lujuria,
cálidos, hebrios y punzantes
para, en un arrebato,
desleirte de nuevo sobre mi torso
pintando de esmeraldas y rubíes mi poniente.
Pepe Martín