
A LA CAÑA DE AZÚCAR
Sangra el cielo de la tarde pura,
se calienta en turquesa el azul índigo,
el cárdeno lomo del horizonte
con la hoja de la caña se ha hecho ígneo.
Sube el aliento rojo del infierno,
amarillo es el dragón enfurecido,
caracolea el fuego con sus cuernos
exhalando su aliento ennegrecido.
Navegan por el aire las pavesas
las chispas ascienden en remolino,
se abrazan lumbre y cielo en la tarde,
el lucero escapa de su abrigo.
Queda la caña desnuda y tiznada
para dar al machete su destino,
camisas y nudos en la cabeza,
cenizas y sudor son el castigo.
La carne se siembra de mala hierba
aunque la esclavitud se haya abolido,
la culpa es de la oscura tierra
que impone a su dulzura un gran castigo.
Cruje la espalda y cruje el lomo,
cruje el jornalero y el borrico,
cruje la caña al dar su dulce caldo
para dar al café su terroncito.
Pepe Martín
No hay comentarios:
Publicar un comentario