viernes, 27 de julio de 2007

QUE CARA DE MUERTO TENGO



Qué cara de muerto tengo
si la rosa de tu talle
no aparece en el espejo.
Qué cara de muerto tengo
cuando busco tu figura
y en sus aguas no la encuentro.
¡Ay, qué herida más profunda!,
tu ausencia se hace de acero
y de vida me desnuda.
¡Ay, qué herida más profunda!,
¿por qué me quitas el aire?
mi corazón se pregunta.
¡Ay, qué herida más profunda!,
el no verte me ata aun yugo
que con la muerte hace yunta.
Te llevo presa en mis ojos,
tu sombra atada a mi espalda,
y tu ausencia a mis sollozos.

ENTRE BRASAS



No vengas a mí, amor, como te fuiste:
agua helada que no apaga mi fuego...
cuando enciendes mis labios te vas, luego,
entre brasas mi piel ya no resiste.

¡Sí, en qué grave a prieto me pusiste
al ser desatendida en mi ruego!,
pues me vino a la mente un febril juego
que si se lleva a cabo el hombre embiste.

Muero de este, mi grito tan ansioso...
mi corazón desea estar bien vivo,
catalizar en hechos lo brumoso.

Pero te vas de mí cual fugitivo
para anular en mí cualquier reposo,
y al diablo que hay en mí, ya no motivo.

EROS



Resurge ingrávido,
manifiéstate a mí, primoroso angelote,
mi amor inocente,
mi ingenuo Eros fiel
en cuyo regazo la bilis no se cultiva.
Te has alojado soterrado,
en la hoquedad de mi sangre agazapado
como suspiro muerto
en la cripta perdida de mi corazón
que fuera muro y empalizada devastada.
Descubre tu rostro,
que tu sosegada dicción rumoree en nuestros oídos
su ternura loca,
pues tu lexia es música
y el vino de tu boca embriagador.
No nos huyas angelote amado
y envuelve en tu fuego
este nido congelado,
para que el pudor y la apatía
se alejen sobrecogidos.

LUNA


Te he mirado atentamente
y era tu redondo espejo
pecera que traicionó
los peces que yo vi dentro.

Reclamas:
-¡Bésame que yo te sienta!-,
y en los aros de tu beso
pienso en los hielos que tienen
tus labios hechos de espejo.

Entre tus prismas de cuarzo
guardas un recuerdo vivo.
En tus reflejos en rama
hay un pez que yo no olvido,
perdido en tus roquedales
como si fuera un cautivo.
Quisiera injertarte los chips
que te hicieran cristal vivo,
sólo así podría besar
aquel reflejo divino.
Si viniera ella a besarme
en tus aguas hoy de olvido,
yo sería tu Jonás
en tu estómago de vidrio.

YO ATÉ MI CORAZÓN



Hace años me enfrentaba
al amor con gran aplomo,
de perfil lo miro ahora
con el rabillo del ojo.

Yo até bien mi corazon
con mordazas de razones,
él se escondía en mi pecho
llorando sus sinsabores
y avergonzado decía:
¡Yono sé de obligaciones!

Yo no sé de obligaciones
ni de razones hipócritas,
me gusta querer de frente
sin dar excusas insólitas,
se quiere porque se quiere
aunque digas otra cosa.

¡Mis sentidos en prisión
entre sociales barrotes,
olvidaron libertades
que la posición impone!

BUENOS DÍAS AMOR



Buenos días,
¡Amor mío!,
te presento a la mañana,
viste tu batín alado,
despierta de tu crisálida
y besa esta flor salvaje
que por ti está desplegada,
desayunemos la vida
que nos envuelve brisada.

FUE TANTO LO QUE MATÓ



Fue tanto lo que mató
que el hechicero del tiempo
no mitiga mi dolor.
Que yo la quise,
eso, bien lo sabe Dios.
Que yo la quiero,
como la nieve a su albor,
como el fuego ama el aire,
como el bosque su color,
como el río ama su mar
y el deseo la pasión.

Fue tanto lo que mató,
que su maldad se hizo un filo
que me partió el corazón.
Que me ha olvidado,
me lo dictó el corazón.
Que no me quiere,
ella me lo confirmó,
y el frío de su mirada,
los nervios de su traición,
y la mofa de su espejo,
ese hielo entre los dos,
sus fronteras en mi cama
y su apagada pasión.

Fue tanto lo que mató,
que hasta los nardos del alba
fueron lirios de pasión.
Que la he llorado
y del llanto se riyó.
Que he suplicado
quedando como un bufón.
Se vistió de hipocresía
y mi cariño tiró
como una moneda falsa
que no tuviera valor,
dejándome en la cuneta
pendiente de extrema unción.

Fue tanto lo que mató,
que las luces de mi vida
quedaron en apagón.