viernes, 27 de julio de 2007

DIVINA COQUETA

Maquéate, divina coqueta!,
Quien pudiera mirarte con los ojos del cuerpo
como lo hago con las luces de mis sentidos ocultos.
Hasta el frío espejo puede inundarse de tu imagen,
para que su azogue se temple en su belleza
y se inflame en alabanzas
derramando su luminosa fuente en tu imagen.

¡Maquéate, divina coqueta!
Quisiera ser mano segura que esparce rubíes en tu boca,
acariciar suavemente el alfeizar de tus dientes,
y que mi boca fuera copa de vino tembloroso
que regara sus espigas de amaranto,
flor del amor.

¡Maquéate, divina coqueta!
Presiénteme contigo a la vuelta de tu imagen
envolviéndote en mis ansias reverentes.
Quisiera ser el tacto suplicante
que reza a la flor de tus mejillas
postrado en los hoyelos de tu rostro.
Quisiera dibujar tu nariz con mi aliento,
cubrir tu mirada con mis labios
para libar la miel de su color.
Y beber la fuente de sus perlas
esparcidas en obsequio al amado ausente.

¡Maquéate, divina coqueta!
Apoya en mi pecho la paz de tu frente,
derrama en mis manos hambrientas
la fluidez dorada de tu pelo,
y permíteme hilar el largo recorrido
de sus rayos de oro.

¡Maquéate, divina coqueta!
Encela mi alma entre esferas de espuma
en los rompientes de tus esquifes de nácar
cuando el oloroso ungüento cubra
tu primavera rosada.

EL CLARO DE LUNA DE TU BESO


Nunca brilló la bahía y su farola,
ni cúpula estelar en el mar quieto,
como el día que la noche se abrió rosa
en el claro de luna de tu beso.

El horizonte es puerta de tu casa
y mi barca la alfombra de tu suelo,
los esquifes los perros que te guardan
y la arena la seda de tu lecho.

Tus ojos son el faro de mi noche,
el "marismo" es el ansia que te tengo,
la espuma el galopar de mis amores
por la roca vencida de tu cuerpo.

Mi Penélope eres tan querida
tras la red infinita de tus besos,
y tu ancla de cristal me estabiliza
con rizos oro y viento de un pequeño.

Reina de las marismas de mi historia.
La bajamar salobre de mi tiempo,
marea viva de grata memoria,
guarda un sol de vida anclado en su espejo:
La luz reflejada de tus ojos negros.

BUZO EN TU SANGRE


¿Por qué no?
Podría ser hoy el día que pariera mi razón,
telepática ingeniera de un credo
albañil en mi frente.
Abrir sus compuertas a mis flores
como únicamnente se abren los ojos del amante
al contemplar a quien desea.
Podría dar en parto esa palabra,
ese verbo infinitivo
que tanto me estremece.
Y en ese verbo,
cambiar imágenes y sonidos en viento,
para en ti,
ser emigrante que salta la frontera de tus ojos
y arañarme en las dulces púas del rosal de tus carnes,
para sufrir gustoso el martirio empático perfecto
de tu cáliz.
Pretendo adquirir alas sin humo,
y bucearte con aletas de plomo,
para sentirme náufrago en tus venas
y adivinarte entera ¡Mi vida!
para adivinarte.
Quisiera saber cómo tiembla tu alma,
cómo tu sangre se templa.
Para sentirte así no me valen las manos,
ni mis labios, ni mis dientes.
Necesito escafandras de amor
para hundirme en tus labores,
enhebrarme en tus hurdimbres,
atarme a tus atolones de madre,
para perderme en tus huesos
y en su fuego encenderme
emergiendo en lava,
ciego de amor, ¡mi vida!,
de tus besos mudo.
No concibo tu amor como un suspiro,
sino como pira al rojo
que afila sus uñas en mi piel,
Envuélveme en en tus hilos para ser comido
y digiéreme en tus deseos,
en anhelos mudo,
loco de versos,
ciego de ti, amor,
buzo en tu sangre.

NO SERÁS JARDINERO


Si no sembraste un rosal
presumirás de otra cosa,
¡jamás serás jardinero!
No lo hagas por dinero
y sí de amor a una diosa.

Yo ya planté mi rosal
sobre el humus de un te quiero
y me han brotados sus rosas,
bellísimas y olorosas,
como caídas del cielo.

Hay, rosa de mi rosal,
tus pétalos son la aurora,
rosados como chiquilla
que sonroja sus mejillas
cuando el amor la enamora.

Nadie toca mi rosal,
porque lo llevo por dentro
con sus hojitas en rima,
con sus ramas sin espinas
sobre el mejor de mis versos.

Si no sembraste un rosal,
no llevas su luna dentro,
no sabes de mariposas,
ni alguna mujer dichosa
te dedicó sus te quiero,
porque la rosa es el verbo
que agita al alma a su gloria.

No se dirán estas cosas
de quien no sembró un rosal
en el centro de su pecho.

TU ODIO



Quiero ver cómo rebosa
el vaso de tu odio y tu veneno,
quiero que la muerte me acoja
mordiendo la manzana de tus besos.
Pretendes que sufra tanto
que por la pluma de un ave estoy muriendo.
He puesto precio a mi vida
y la aseguré contra un odioso deceso.
Hay quien prefiere la gloria del olvido,
yo prefiero tu odio en el infierno.
Como gran odiadora me tiras a muerte,
me quieres muerto en cada encuentro.
Has sido sumamente ingeniosa,
me quieres matar de cuerpo entero,
torturándome en tu cama,
revolcándome en el suelo.

A veces me siento morir de un orgasmo,
alevosamente quiere inmolarme
el fuego ardiente de tu sexo.
Ya ves que en realidad somos tal para cual:
tú buena para odiar y yo bueno para odiado.

Mi enemiga...
Tú, ¡descarga con frecuencia tu odio en mi,
que yo quiero morir de ti,
así, envenenado por tu cuerpo!
¡Y devórame entero como un mastín
hasta que quede sin resuello!

QUE CARA DE MUERTO TENGO



Qué cara de muerto tengo
si la rosa de tu talle
no aparece en el espejo.
Qué cara de muerto tengo
cuando busco tu figura
y en sus aguas no la encuentro.
¡Ay, qué herida más profunda!,
tu ausencia se hace de acero
y de vida me desnuda.
¡Ay, qué herida más profunda!,
¿por qué me quitas el aire?
mi corazón se pregunta.
¡Ay, qué herida más profunda!,
el no verte me ata aun yugo
que con la muerte hace yunta.
Te llevo presa en mis ojos,
tu sombra atada a mi espalda,
y tu ausencia a mis sollozos.

ENTRE BRASAS



No vengas a mí, amor, como te fuiste:
agua helada que no apaga mi fuego...
cuando enciendes mis labios te vas, luego,
entre brasas mi piel ya no resiste.

¡Sí, en qué grave a prieto me pusiste
al ser desatendida en mi ruego!,
pues me vino a la mente un febril juego
que si se lleva a cabo el hombre embiste.

Muero de este, mi grito tan ansioso...
mi corazón desea estar bien vivo,
catalizar en hechos lo brumoso.

Pero te vas de mí cual fugitivo
para anular en mí cualquier reposo,
y al diablo que hay en mí, ya no motivo.