jueves, 12 de abril de 2007

NO TIENES QUE DAR TU VIDA


Ottmar Liebert - Duende del Amor (Day)


La centella divina de la pasión ardió en tu frente.
Tu deseo llega saltando entre mis huesos
y lleva en sus manos un aire de espadas florecidas
para que mi arquitectura de amante
ponga sus cimientos profundos en la base de tu cuerpo.

No tienes que dar tu vida,
no vale nada para ti mi descontrol en llamas,
él solito corre por tus azules bosques enramados de savia vehemente.
Se pasea el alba de tu cuerpo de nácar por mis ojos,
y los míos pulsan cada lira de tu cuerpo,
ese país de piel iluminada en la lascivia
y se nutren en tus luceros y puertas encantadas.
Sé que tus pechos me tocarán en suave batir
y cerrarás todas mis preguntas oxidadas.

El amor que nos clava en el hoy
no está empapado ni del ayer ni del mañana,
sólo trae urgencias desaladas por las sangres
pidiendo sus salinas en una rara música de fuego.
Su ardida textura juega con los orgasmos,
con el reloj y su pulso, con la entrañas en pie de guerra,
con su paso de pluma laborioso que comparte latido y corazón
ardiendo entre la carne perdurable
y su crepúsculo turbado de sonrojos.

La mariposa perversa de tu sonrisa baja
toca arpegios erizados por mi piel,
y mis manos, por tus ingles derramadas
hunden sus agujas por tu carne camino de tu savia,
mientras una luz de amor, exacta, se cae de tus ojos.

Juego con la silueta de tu cintura
que me obliga a encadenarme
a la flor rosada de tu mar abierto.
Es en tu carne donde apago mis incendios telúricos.

Pepe Martín

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