lunes, 9 de abril de 2007

QUIERO DARTE LA ESPADA

Daniel


Nos ocurre como a los espejos rotos
que se multiplican y mienten su imagen del revés,
pero tienen el don de centuplicar la luz.

¿Sabes? Cuando lances un pie al frente para dar un paso
debajo estaré yo como sombra sufrida.
Tú buscas una luz en las estrellas
pero yo estoy afianzado a tu fuego como sombra tatuada a tu cintura.

Quiero apostar por ti
a este juego de tus versos asesinos del tiempo.
En tus palabras quiero descubrir los ropajes íntimos de tu carne
abismo de mi demencia.
Quiero darte la espada para que me desangres contra una esquina

Nos tenemos un amor de caricias tramposas bajo el teclado,
mentirijillas de fuego que entibian la sangre.
Se me va para ti la mano un continente.
Y sé que sientes la ofensa de mis yemas caminando bajo tu falda
como cangrejos de lado,
como víboras ciegas buscando su nido,
como mechas de pólvora provocando incendios,
como sentenciados a sed buscando beber tu fuente perversa y termal,
como sexo caldeado buscando la castidad truncada,
buscando ese otro teclado que siembra rosas en tus mejillas.

Quiero que en mi carne apagues tus pasiones trogloditas
aunque parezca estar distante, aunque nos parezca incierto.
Soltaremos en nuestro espacio nuestras burbujas de insensatez
para darle esplendor a nuestro momento de gloria.

Como lobo o alacrán, me vas a costar la existencia,
te la voy a regalar envuelta en nuestros enredos
para que puedas cortarla en amor a tu medida.

Para nada nos hacemos preguntas oxidadas
nos basta con este silencio activo del tic, tac del teclado,
y ese soñar con yemas como anzuelos de virtudes,
esas palabras de fuego no dichas
que dejan su flama arrastradas por la piel.

Pepe Martín

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